domingo, 18 de agosto de 2013

Capitulo 1

-Bueno... Por fin hemos llegado... -Dijo mi madre con una gran sonrisa.
-Sí... -Dijimos mi hermano y yo a la vez. A ninguno de los dos nos hacia mucha gracia haber venido.
-Podéis ir eligiendo habitación. -Dijo mi padre sacando las maletas del coche.- La de la cama de matrimonio es mía y de vuestra madre.
Marta, mi hermano y yo nos miramos desafiantes. Corrimos a por nuestras maletas y salimos del garaje. Abrí la puerta con la llave que me dio mi padre antes de salir de mi casa, y entré rápido. Mi hermano y Marta hicieron lo mismo. Entre empujones y risas subimos las escaleras. Entré en la primera habitación que vi, la más cercana al baño.
-¡Wiiii! ¡Me quedo con la más grande! -Les grité desde mi nueva habitación.
-¡Joder! -Dijo mi hermano.
-Hombre, tampoco te lo tomes tan mal. -Dijo Marta riendo y yendo a su habitación.- Vale, Louis. Tu habitación es una autentica mierda.
-¡Ni que la tuya fuera mejor!
-Mejor no, pero más grande que esto es. -Rió Marta.
Estuvimos colocando nuestra ropa en los armarios. Mi armario era enorme. Ocupaba de un lado de la pared a otro. Mi cama, también muy grande, tenía unas sábanas blancas que olían a nuevo. Cogí mis posters y los colgué en las paredes. Me fijé en el escritorio que tenía en mi habitación. Pedazo de ordenador. En verdad me quedé con la mejor habitación. Al terminar de colocar mis cosas, bajé al salón a ayudar a mi madre a limpiar. Detrás bajó Marta.
-¿Que hacemos, Miriam? ¿Vamos a conocer gente? ¿O un baño en vuestra piscina?
-¿¡¿Tenemos piscina?!? ¿Por qué nadie me ha dicho nada?
-Si en el coche no fueses escuchando música, a lo mejor te habrías enterado...
Salí corriendo hacia el patio. Sí, sí había una piscina. Y era bastante grande.
-No, no, no. -Dijo alguien detrás mio. Reconocí la voz de mi padre.- La piscina no estará abierta hasta mañana, señorita. -Sonrió.
-¿Y que se supone que vamos a hacer toda la tarde?
-¿Podemos salir de casa? -Preguntó Marta.
-No hasta mañana. Sentaros a ver una peli los tres. Miriam, tu madre y yo tenemos que terminar de limpiar la casa...
-Está bien, está bien. -Volví a entrar a casa junto con Marta. Me senté en el sofá al lado de mi hermano, Louis.- ¿Qué queréis ver?
-A mi me da igual. Mientras no sea una cursilada de las que veis vosotras... -Dijo mi hermano.
-Mírale. Se cree muy mayor él. -Dijo Marta sentándose en el sofá.
-Eh, enana. Soy más mayor que tú, así que calla. -Dijo mi hermano sonriendo.
Pusimos una película de miedo. Admito que soy una cagada, así que por la noche puede que me costase dormir. Bueno, tampoco era para tanto. Mi madre nos trajo algo para picotear. Estábamos demasiado callados viendo la película, cosa que no es muy normal. Supongo que era porque nos aburríamos, más que nada. Al terminar la película, oímos la voz de mi madre gritar desde la cocina.
-¡Chicos! ¡La cena!
Mi hermano salió disparado hacia la cocina, mientras Marta y yo íbamos a nuestro ritmo.
-Ay, madre. -Dije.- Que lejos está la cocina.
-Que baga eres, ¿no? -Dijo Marta sonriendo.
-No sabes cuanto. -La miré.- ¿Me llevas?
-Tsss... já. -Rió ella y entró en la cocina.
-Cuanto habéis tardado. -Dijo mi hermano.- ¿Tanto os pesa el culo?
Nos sentamos cada una en una silla, junto a mi padre y mi madre y nos dispusimos a comer. Mientras comíamos, nuestro padre nos hizo una pregunta, a la cual yo no tenía respuesta.
-¿Y que pensáis hacer este verano?
-Pues yo -saltó Marta.- me pienso ligar a más de un chico. Quiero tener muchísimos amores de verano. -Sonrió.
-Sí. Seguro que a ti eso no te falla. -Le dije.- Con esa carita de Barbie que tienes...
-Que sea rubia y esté buena no significa que sea tan fácil ligar con los chicos, ¿sabes?
-Marta, cielo. ¿Cuántos han caído en el último mes? -Le pregunté.
-¿En junio? Pues... no sé. Perdí la cuenta a los quince.
-Muy bien. ¿Y ves? ¡Yo ni uno! -Sonreí.
Había veces en que Marta y yo nos poníamos a hablar como si solo estuviéramos nosotras dos. Como por ejemplo ahora. Miramos a mis padres y sonreímos tímidamente, a lo que ellos respondieron con una risa.
-Y tú, Louis. ¿Qué vas a hacer? -Le pregunté.
-No lo sé. Supongo que por las mañanas cogeré el coche de papá y me iré a hacer surf en la playa.
-¿Quién ha dicho que yo te vaya a dejar mi coche?
-¡Oh, vamos, papá! No tendré mucho que hacer este verano. Por favor...
-Bueno. Está bien. Pero como le pase algo al coche...
-No le va a pasar nada. Soy muy responsable. -Marta y yo nos miramos y soltamos una gran carcajada.- ¿Qué pasa?
-¿Responsable? ¿Tú? ¡Y yo saco dieces en Ciencias! -Dijo Marta.
-¡Oye! ¡Tampoco te pases! -Replicó mi hermano.- ¿Y tu que piensas hacer? -Me miró.
-Eh... yo... No he pensado nada. Supongo que quedarme aquí en casa y tal...
-¡Oh, Miriam! ¿No piensas ir a conocer aunque sea a la gente? Aquí hay bastantes personas de nuestra edad. -Me dijo Marta.
-Ya... Pero seguro que me cuesta bastante hacer amigos.
-¡Que pava eres! -Dijo mi madre.- ¿Por qué no lo intentas?
-Tu madre tiene razón. Al menos inténtalo. Mañana por la mañana tú y yo iremos a hablar con los demás, ¿vale? -Marta me guiñó un ojo.
-Buff. -Resoplé.- Está bien.
-Es que... Seguro que hay algún chico guapísimo que está esperando que yo llegue. Ya verás. -Me dijo ella con una gran sonrisa en su cara.
Después de cenar, recogimos nuestros platos y nos fuimos a nuestras habitaciones. Mi hermano terminaba de ordenarlo todo, poniendo su tabla de surf apoyada en la pared. Marta estaba ordenando su ropa por colores. Madre. Reí. Me asomé al balcón que había en mi habitación y miré. Fuera se veía a un grupo de chicos y chicas, más o menos de mi edad, riendo. Uno de ellos, que llevaba un precioso pelo rizado miró hacia mi balcón y alzó el brazo, saludándome. Reí al verle y le devolví el saludo. Luego sus amigos miraron hacia mi balcón, a lo que yo pude responder sonriendo como una verdadera idiota. Entré de nuevo en mi habitación y me dirigí hacia el armario. Me puse el pijama y abrí la cama. Me tumbé en ella y apagué la luz desde el interruptor que estaba cerca de mí. Al poco rato me quedé dormida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario